jueves, 27 de enero de 2011

Júpiter el gigante herido.





La imagen de la izquierda es del 20 de julio de 2009, a la derecha Júpiter el 16 de agosto

 El 19 de julio de 2009 el planeta más grande del sistema solar sufría el impacto de un cuerpo desconocido que provocó efectos visibles en la estructura del planea. El avistamiento a tiempo de este evento fue la clave para dirigir toda una batería de telescopios infrarrojos para obtener información de primera mano sobre los efectos causados sobre la estructura del planeta. Una serie de datos interesantes se publicaron recientemente y han sido publicados por el Jet Propulsion Laboratory de la NASA.

 En primer lugar el tamaño del asteroide era de aproximadamente de 200 a 500 metros de diámetro, y lo que resulta sorprendente para el equipo de científicos del Jet Propulsion Laboratory, su estructura es rocosa y no un asteroide helado. Esta nueva información permite inferir que el choque de 2009 es de características mayores que el registrado en 1994 cuando el cometa Shoemaker-Levy impactaba en Júpiter.

El estudio en el espectro infrarrojo del comportamiento de los gases desprendidos provocó que la atmósfera del planeta aumentara su temperatura entre 3 y 4 grados centígrados. La atmósfera de Júpiter tiene una temperatura promedio de -108º C. El asteroide detonó en las capas bajas de la atmósfera joviana liberando una cantidad de energía equivalente a la explosión de cinco mil millones de toneladas de TNT, algo aproximado a 1,6 veces la cantidad de energía eléctrica producida por los EUA hace diez años. Como consecuencia de la detonación se produjeron expulsiones de materiales y chorros de aerosol de los componentes atmosféricos de Júpiter.


Imagen en el infrarrojo (9.7 micrones) obtenida el 22 de julio de 2009, tres días luego del impacto.

 Estos datos se contrastaron con los obtenidos en 1994 con el impacto del cometa Shoemaker-Levy y permiten reconocer algunas similitudes: en ambos casos de observaron residuos oscuros en el infrarrojo y la presencia de amoníaco. Sin embargo el evento de 2009 no alcanzó las capas altas de la atmósfera ni alcanzó a aumentar su temperatura significativamente. Pero lo más importante es que se observaron residuos de silicatos, silicio e hidrocarburos en ausencia de monóxido de carbono.

 Todo esto permite afirmar que el tipo de asteroide que chocó con Jupiter en julio de 2009 era de tipo rocoso, casi sin presencia de agua congelada, y por cierto mucho más denso que el cometa Shoemaker-Levy: 2,5 gr/cm^3, valor de densidad correspondiente a una roca de origen volcánico.

 Se supuso que Júpiter era una especie de "aspiradora gravitacional" de cometas helados y que luego de la formación del Sistema Solar había captado buena parte de estos cuerpos errantes. Sin embargo la información sobre este último impacto rompe el esquema y hace pensar en que la dinámica del Sistema Solar es mucho mas complejo que lo supuesto.
 Estos eventos son muy importantes para determinar la probabilidad de choques entre asteroides y nuestro planeta, y por cierto para determinar el efecto de los impactos en la dinámica atmosférica de los planetas.


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[Vía: JPL]




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